Posteado por: socarraoii | 08/05/2017

Orang utan

A 80 millas de la costa se empieza a oler el humo. Nos acercamos a la isla de Borneo, Kalimatan según los locales, pues Borneo es el nombre que le dieron los conquistadores europeos. Los incendios que arrasan desde hace meses lo que era una de las últimas selvas vírgenes del planeta siguen descontrolados. Se calcula que el fuego ha quemado en Indonesia a un ritmo de 25 Ha por minuto. Os imagináis lo que es esto? Más de dos veces la superficie de Portugal calcinada. Considerado por la ONU el mayor desastre de este último siglo. Ni se sabe lo que se ha perdido. Plantas y animales que ni siquiera conocíamos, y que no conoceremos, arrasados por un simple cerillazo. Aunque no ha sido un accidente, ni un rayo, ni ningún infortunio. Totalmente intencionado. Destruir la selva para plantar palma.

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Plantación joven de palma

Para los que no conozcáis este cultivo, os haremos una pequeña introducción.

Existen tres especies de palma de aceite, una africana y dos americanas. El cruce entre la primera (Elaeis guineensis) y una de las americanas (Elaeis oleifera) produce un híbrido mucho más productivo y de fácil manejo que es el que se cultiva actualmente. Empieza a producir a los 4 años y será productiva durante 25 años más. Sus frutos, tóxicos para los humanos, se agrupan en una espesa y compacta piña. Se parecen a los dátiles que conocemos y comemos, aunque no son carnosos. De ellos, mediante prensado, se extrae un aceite parecido a una miel espesa y oscura con unas características especiales que lo hacen idóneo para las industrias. Para poder comercializarlo como aceite para freír, este jarabe debe ser “cocinado” hasta alcanzar 200 grados, temperatura a la que se licua y adquiere su color amarillo dorado. Y ya es sabido lo que ocurre con los aceites vegetales que se calientan y se vuelven a calentar. Como mínimo son dudosos para la salud.

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Los frutos

 

El aceite para freír no es el único producto alimentario que se obtiene a partir del aceite de palma. De hecho, la mayoría de alimentos industriales que contienen en su etiquetado el ingrediente “aceite vegetal” esconden el uso de derivados de este jarabe. También se utiliza en cosmética. Pero el hecho de que este cultivo sea el causante de tanta destrucción medioambiental es, paradójicamente, su uso como biodiesel. Principal consumidor e instigador de su cultivo: Europa. Sí, sí, nosotros. Las campañas pro biodiesel europeas han tenido como consecuencia que en países como Malasia, Indonesia o Costa Rica se arrasen las selvas tropicales para producir este combustible dorado. Aunque en lo referente a temas forestales, nosotros no lo hemos hecho mejor con nuestro aceite de oliva, por mucho más sano que sea.

Es un poco ilógico arrasar un bosque con árboles centenarios, de los que ya se podría obtener una buena renta a través de un manejo inteligente, para cultivar un “bosque” mono específico que no permite un ecosistema sostenible a largo plazo y desplaza a todas las demás especies de seres vivos que cohabitaban en harmonía en el bosque original.

A 20 millas de Kalimatan, la visibilidad es de menos de una milla y se hace difícil respirar. Encontramos varias aves marinas muertas flotando; incluso un bobo famélico viene a morir al barco, pues le es imposible pescar con este humo. Parece exagerado, pero no lo es. El humo llega más allá de Singapur, donde a partir de la séptima planta de los edificios no se puede vivir. Aún y así, nuestra ilusión para ver lo que fue un magnífico lugar nos ha traído hasta Kumai y, con la vista pegada al radar, remontamos el río esquivando remolcadores con una visibilidad de menos de media milla. A duras penas vemos las riberas del río.

Lo que curiosamente sí vemos es cómo una lancha rápida se acerca a la popa de la gabarra de un remolcador en un punto ciego para el piloto. Tres jóvenes abordan peligrosamente la embarcación mientras el patrón de la lancha se mantiene en ese punto a pesar de las turbulencias. En pocos minutos varios sacos, llenos de no sabemos qué, salen disparados hacia la pequeña lancha. Perplejos, asistimos en directo a un acto de piratería en toda regla. En menos de 15 minutos, la lancha desaparece entre los manglares cargada hasta casi el hundimiento. La tripulación del remolcador ni se entera. Pues nada, tendremos que extremar precauciones por aquí.

Como ya es costumbre en nuestro viaje, la lluvia nos acompaña una vez más y echamos el hierro enfrente de la no muy atractiva villa de Kumai en medio de un fuerte aguacero. Que bien, ya se puede respirar!

De Kumai, con una población de unos 8.000 habitantes, sorprende la cantidad de enormes edificios sin ventanas repartidos por todo el pueblo. Bastante feos, por cierto. Días más tarde nos enteraremos de qué son. Hoteles para pájaros, como ellos les llaman irónicamente. Los edificios, de hasta 7 plantas de altura, tienen una sola puerta en la base para los humanos y un pequeño orificio en el tejado para los vencejos de cueva (Aerodramus sp.)

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Kumai con sus “hoteles”

 

Estas pequeñas aves anidan dentro de estos edificios en total oscuridad. Construyen sus nidos exclusivamente con filamentos de saliva. Son muy apreciados en la gastronomía china para elaborar la famosa sopa de nido de ave, llegando a pagar más de 10 euros por nido. Son los machos quienes los construyen. El primero que hacen, es de color blanco, pero al retirárselo el animal construye un segundo que adquiere un color rosado pues en su sobre esfuerzo por salivar le sangra la garganta. Un tercer nido acabará con su vida. A más rojo es, más precio adquiere en el mercado.

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Nidos preparados para la venta

 

 

Cada año acudían cientos de veleros a ver este magnífico lugar, pero este año (finales 2015) sólo somos el velero número trece. Los avisos del peligro que entrañan los incendios para la salud han desincentivado desde los tour operadores hasta los organizadores del rally de Indonesia. Un desastre para la economía del lugar, pues dependen en gran medida del turismo, no sólo de los veleros, sino también de los turistas que vienen a visitar el Tanjung Puting National Park, razón por la que nosotros también estamos aquí.

A la mañana siguiente vuelve a llover y los locales, en su mayoría musulmanes, aunque todavía conservan antiguas creencias religiosas basadas en la naturaleza, nos achacan a nosotros la responsabilidad de la lluvia que extingue por fin el desastroso incendio. Están emperrados en que vamos a ser los primeros de una larga lista de pródigos turistas. Está bien ser optimista.

A parte del fuego, el lugar impresiona. El río, de un kilómetro de anchura, entre su innumerable fauna, cuenta con delfines de agua dulce; aunque el mayor atractivo de la zona son las personas del bosque.

Personas del bosque, no hombres, ni seres, ni monos. Para la antigua cultura del lugar, los orangutanes (orang=persona y utan=bosque, en bahala indonesio) se consideraban casi igual que nosotros, dándoles el atributo de persona. Así que allí vamos, a verlos.

Por un muy módico precio, 5 millones de rupias indonesias, un klotok (embarcación fluvial típica de la zona) nos adentra en los afluentes que recorren el Parque Nacional durante tres días. Incluye patrón, marinero, cocinera, músico-guía turístico y paradas en los diferentes campos de alimentación y seguimiento de los orangutanes. También incluye desayuno, comida, merienda, cena, cafés y refrescos y muy buena compañía. Ah! Y también un guarda para el Socarrao. Increíble.

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Klotok

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Nuestro guía y músico

Remontamos el río apartando maleza que la lluvia ha arrancado de los márgenes. La cámara de fotos no para de rellenar tarjetas de memoria con monos narigudos, cocodrilos, anacondas, enormes varanos, martines pescadores, garcetas e infinidad de otros pájaros de vistosos colores. Para quien le guste la naturaleza, una auténtica pasada.

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Planta carnívora

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Cocodrilo

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Mono narigudo

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Estación de policía

Las estrellas del tour, por supuesto, son los orangutanes rojos. Mejor os ponemos unas fotos.

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De esta parte del mundo podríamos estar horas hablando, de lo bueno y de lo malo. Aunque su flora y su fauna son impresionantes, el trato que dan a los animales deja mucho que desear: desde dugones encadenados por la cola hasta la muerte para su exhibición turística a orangutanes hembra totalmente depiladas y obligadas a prostituirse, el polvo más barato del mundo. Realmente, quién es más persona? La crueldad de los humanos con los animales sólo tiene comparación con su codicia y su estupidez. Qué clase de jueces y verdugos somos para encarcelar a un animal y condenarlo a cadena perpetua sólo porqué tiene plumas bonitas y queremos verlas de cerca? Esto también vale para peces, tortugas, perros, etc. Qué vida le proporcionas tú a tu mascota? Es necesario ser tan cruel? En fin, cada uno con su conciencia.

Esperemos que las nuevas generaciones, muy sensibilizadas con estos temas y auténticos fans de un turismo más amante de la vida, puedan generar un cambio en estas zonas con su presencia y actitud, pues no se callan sus ecológicas opiniones.

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Responses

  1. ya sabeis que teneis una incondicional de vuestras historias! no dejan de dejarme con la cabeza loca imaginando todo lo que explicais…me fascina! no dejeis de escribir porfaaaaaaaaaaaaaa. Un besazo Kiku y Roser!


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